Ébola en Estados Unidos: La evidencia indica que el virus no se transmite fácilmente

Por Mila C. González

Hace más de dos semanas, la Ciudad de Nueva York reportó el primer caso de la enfermedad del virus del Ébola. Este caso trata de un médico, Craig Spencer, residente de Manhattan que había regresado recientemente de Guinea donde trabajó como voluntario de la organización Médicos Sin Fronteras dando tratamiento a pacientes con la enfermedad.

Similar a epidemias en el pasado con otros virus, el poco conocimiento sobre el modo de transmisión del virus del Ébola han contribuido a un estado de miedo y desinformación sobre el verdadero riesgo de la transmisión de esta enfermedad en la comunidad [1].

Por otra parte, la evidencia científica sobre el virus del Ébola indica que el riesgo de transmisión en la población general es extremadamente bajo. ¿Cómo sabemos esto? Primero, conocemos el modo de transmisión del virus. Segundo, tenemos datos de investigaciones epidemiológicas y de laboratorio de brotes anteriores en África Central.

Stephen Morse, Profesor de Epidemiología de la Universidad de Columbia, nos dijo en una entrevista: “A pesar de que este brote es, por mucho, el más grande que se ha registrado, hemos conocido sobre el ébola desde el 1976 (casi 40 años) y tratado con alrededor de dos docenas de brotes del ébola en África.”

“Así que tenemos  mucha experiencia con este virus, y tenemos una idea bastante buena de lo que tenemos que hacer para extinguir los brotes, así como también la forma de cómo protegernos y a otros de la infección,” añadió.

Aquí discutimos la información más importante que las autoridades sanitarias han utilizado para establecer el riesgo de infección con el virus del Ébola en la población general en EE. UU.

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Violencia es también ausencia de las necesidades básicas humanas

Por Victor Puac-Polanco

[Editor: El primer artículo de la serie “Violencia, definición y tipos de violencia” definió la violencia en base a la identificación de un actor como responsable del acto violento. Sin embargo, la identificación de un actor principal no siempre es tan evidente. Este artículo complementa la definición descrita en el primer ensayo [1], desde la perspectiva de la negación de acceso a las necesidades humanas básicas.]

Seth Holmes, etnógrafo de la Universidad de Berkeley, describió la experiencia de trabajadores inmigrantes de Oaxaca, México, mientras laboran en granjas agrícolas en los estados de Washington y California [2]. Estas granjas emplean mano de obra local y de inmigrantes regulares e irregulares (en este ensayo nos referimos como migración irregular a inmigrantes indocumentados). En estas granjas se crean clasificaciones sociales en relación al país de origen, raza, etnia y género de sus trabajadores. Esta clasificación permite abusos verbales y paga de sueldos desiguales a los trabajadores inmigrantes, independientemente de la cantidad o calidad de la labor. Por ejemplo, trabajadores con ciudadanía estadounidense tienen mejores salarios y beneficios laborales comparados a trabajadores de situación migratoria irregular.

“cualquier amenaza, intento, o afrenta a despojar de cualquier necesidad humana a otra persona debería ser considerado como violencia.”

El negar el acceso a beneficios laborales en base a criterios de discriminación por clases sociales, es violencia a la necesidad de bienestar y de identidad. “Necesidad” es todo aquello considerado indispensable para la sobrevivencia y bienestar de una persona [3]. Seguir leyendo Violencia es también ausencia de las necesidades básicas humanas

Las superposiciones entre la violencia comunitaria y la violencia entre pareja: un estudio de una muestra de adolescentes en la Ciudad de Nueva York

Por Melissa DuPont-Reyes

Varios estudios han demostrado que existe superposición entre las experiencias de violencia comunitaria* y violencia entre pareja. La participación en acciones agresivas en la comunidad se puede presentar en paralelo con expresiones violentas en las relaciones íntimas, que incluyen las relaciones de pareja. En el caso de los adolescentes, esta superposición se manifiesta en expresiones de violencia comunitaria y de violencia entre pareja. Sin embargo, a pesar de la evidencia que soporta la teoría de la superposición de las formas de violencia, es necesario comprender mejor los componentes sociales que caracterizan la superposición de violencias para el desarrollo de intervenciones que puedan reducir el impacto de la violencia en los adolescentes. En este sentido, pocos estudios han investigado la asociación de los tipos específicos de violencia comunitaria y violencia entre pareja por género e independiente de otros factores. El deseo de conocer más a fondo las características de esta asociación y las diferencias por género, motivó a nuestro equipo a desarrollar el siguiente estudio.

Publicado en el “Journal of Interpersonal Violence,” nuestro estudio [1] explora las asociaciones entre diferentes formas de violencia comunitaria y violencia entre parejas en un grupo de adolescentes urbanos. Entre 2006 y 2007, 1,454 adolescentes de 13 a 21 años de edad de la Ciudad de Nueva York respondieron a un cuestionario anónimamente, el cual incluyó una escala para medir la violencia en este grupo. Esta escala conocida como “Conflict in Adolescent Relationships Inventory,” ha sido utilizada y validada para medir las experiencias de violencia entre parejas durante los últimos 12 meses, así como la prevalencia de experiencias de violencia comunitaria. Los análisis incluyeron la evaluación de las superposiciones entre las experiencias de violencia comunitaria y la violencia de pareja. La violencia de pareja incluye recibir y dar** violencia física y la coerción sexual entre parejas. Esto nos permitió reconocer que los adolescentes que reciben y/o dan violencia física o coerción sexual tienen mayor probabilidad de participar en violencia comunitaria, comparados con los adolescentes que no participan en ninguna relación violenta. En nuestro estudio, la violencia comunitaria incluye las siguientes formas: participación en una pelea, no asistir a clases por miedo, ser amenazado o herido con un arma, ser miembro de una pandilla y/o portar un arma.

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Una nueva ruta hacia la heroína

Por Julian Santaella

El incremento en el uso de opioides de prescripción con fines no medicinales (OPNM) en la ultima década en los Estados Unidos muestran una realidad adversa de los efectos secundarios de este tipo de medicamentos. Estudios sobre el consumo de sustancias psicoactivas evidencian que el uso de opioides de prescripción (OP), además de estar relacionado con el abuso y dependencia a estos, también está asociado al inicio de uso de heroína.

El uso de OPNM se ha convertido en un importante problema de salud pública, según informes de los Centros para el Control de Enfermedades y la Prevención (CDC) de Estados Unidos. Se estima que en el 2010, 2.4 millones de personas en el país comenzaron a usar OPNM, lo que equivale a 6600 nuevos usuarios por día.[1] Los últimos datos de las Encuestas Nacionales de Uso de Drogas y Salud (NSDUH) muestran como entre 2006 y 2012 se incrementó en 31% el porcentaje de personas con dependencia a los OP,[2] y según un estudio de la Dra. Martins y colaboradores de la Universidad de Columbia, esta tendencia, no solo se presentó en la población blanca, sino también en la población hispana y en jóvenes de 18-25 años.[3] Adicionalmente, la Red de Advertencia de Abuso de Drogas ha informado que el número de ingresos a salas de emergencia por sobredosis debidas a OP se incrementó en 153% entre 2004 y 2011,[4] y por otra parte, un informe de CDC ha estimado que entre 1999 y 2009 la tasa de muertes por sobredosis de opiáceos aumentó en un 250%.[5] Dado lo oscuro de este panorama, el uso de OPNM ha sido reconocido como una grave epidemia.

Sin embargo, el problema no para allí. La conexión entre el uso previo de OP y el uso de heroína ha sido descrita en varios estudios epidemiológicos. La agencia de Administración de Abuso de Sustancias y Servicios en Salud Mental ha revelado que, paralela al abuso de los OP, la heroína, entre todas las drogas ilegales, ha sido la que mayor incremento en la prevalencia de uso ha presentado entre 2007 y 2012.[2] En este sentido, un estudio de CDC evidencia como el uso de heroína está asociado a la frecuencia de uso de OPNM, siendo mayor en personas que usaron OPNM por 30 días o más en el último año.[6] Este estudio también describe como la mayoría de usuarios de OPNM y heroína reportan haber empezado el uso de OPNM antes de comenzar a usar heroína; un hallazgo que se ha reportado igualmente en estudios con pacientes con dependencia a la heroína.[7] Sumado a esto, la Dra. Cerdá y colaboradores de la Universidad de Columbia, usando datos del NSDUH, encontró que el riesgo de inicio de uso de heroína en adolescentes, cuyo máximo valor es entre los 17-18 años, aumenta con el uso previo de OPNM a temprana edad, con mayor riesgo en menores que comenzaron a usar OPNM entre los 10 y 12 años de edad.[8]

…“La mayoría de gente que conozco ya no usa Oxycontin, ellos se han pasado a la heroína por que es más fácil de usar, mucho más barata y más fácil de encontrar”.

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Epidemia de Chikungunya en el Caribe: Nuevas oportunidades y viejos desafíos

Por Mila C. González

Nunca antes visto en las Américas, el virus chikungunya ha causado sobre medio millón de infecciones en el Caribe en solo ocho meses desde el primer caso de transmisión autóctona en la región [1]. Chikungunya es un virus que se transmite a través de la picadura de mosquitos Aedes aegypti y Aedes albopictus, los mismos mosquitos que transmiten el dengue. Los síntomas son similares a los síntomas del dengue como fiebre alta, fatiga, dolor de cabeza, dolor muscular. Lo que lo distingue del virus del dengue es el dolor agudo en las articulaciones lo cual puede durar varios meses pero pruebas de laboratorio son necesarias para confirmar la infección con el virus.

Como en el caso del dengue y el virus del Nilo Occidental, ha sido imposible prevenir la introducción y expansión de este virus en las Américas. Primero, la presencia del vector Aedes aegypti es amplia en el continente, lo cual es necesario para sostener la infecciones autóctonas en una población. Antes del 2004, los brotes de chikungunya se habían concentrado en África. Pero los cambios en la genética del virus permitieron que este se replicara en el mosquito Aedes albopictus, el cual facilitó la propagación del virus fuera del continente Africano [2]. Segundo, el incremento en el comercio y los viajes internacionales entre el continente Americano y las regiones o países donde el chikungunya es endémico, ha resultado en un alza de los casos importados de chikungunya en las Américas. Estos eventos han propiciado la transmisión local la cual ocurre cuando alguien que ha sido infectado con el virus regresa o visita un país y es picado por un mosquito Aedes aegypti durante el periodo de viremia y el mismo mosquito transmite el virus a otra persona por medio de una picadura. Tercero, la facilidad con la cual el vector transmite el virus también es importante. Un estudio de laboratorio encontró que el mosquito Aedes aegypti es capaz de transmitir tres distintas variaciones del virus  [3]. Por estas razones, no es sorpresa que ya se hayan reportado casos de transmisión local en el Caribe, los Estados Unidos y otros países en Latinoamérica.

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